SOMOS UNOS COBARDES

La noche, como todas en este pequeño lugar del mundo, es silenciosa. Ha llovido y el cielo está encapotado. El silencio más profundo lo envuelve todo, pero la noche trae lejanos gritos y lamentos.

Intento cerrar los ojos, no pensar, arrebujarme entre las mantas que me mecen, me abrazan, me dan un calor maternal, pero la noche trae gritos, lamentos, llantos, desesperación y mis ojos, ya secos de lágrimas, se aprietan fuertemente hasta dolerme.

¿Qué me ha sucedido? Soy insensible al dolor ajeno sin serlo, quiero hacer y no quiero, porque mi corazón se ha secado a tanto sufrimiento y aunque intento imaginarme lo que puede ser una situación tan terrible como la que están pasando los refugiados en esta Europa de las libertades, el bienestar, los derechos humanos y la democracia me es imposible.

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Acusamos a nuestros políticos, a las personas que tienen poder en Europa y el mundo demandándoles que hagan algo, que no son números ni objetos, que son personas humanas huyendo de la guerra y la miseria, mientras nosotros cómodamente vemos con ojos que no ven, con corazón insensible una película, porque eso es lo que son los refugiados para nosotros, extras de una película que ya ni siguieran nos arrancan una lágrima.

¿Dónde están las izquierdas a las que amo y defiendo? ¿Dónde están los seres humanos revolucionarios y solidarios? ¿Qué hago yo, más allá de escribir estas líneas llenas de rabia y rencor?

Recuerdo a García Márquez y su novela Crónica de una muerte anunciada y lo recuerdo ahora porque la crónica de un drama humano de dimensiones excepcionales estaba anunciado como dice Arturo Wallace en BBC Mundo  el 13 octubre 2015

Todo empezó en febrerocon nada más unos cuantos: cinco o seis personas, que cruzaron desde Rusia“, le dice a BBC Mundo Stein Kristian Hansen, el superintendente de policía a cargo del puesto de frontera.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_migratoria_en_Europa

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151012_siria_refugiados_ruta_artica_noruega_rusia_aw

Una imagen nos despertó la conciencia la del niño Aylan Kurdi, que tenía tres años y que murió junto a su hermano de cinco, Galip Kurdi, y su madre, encontrado el 2 de septiembre de 2015, pero fue como un relámpago en medio de la tormenta, apareció y desapareció sin que nada cambiara, sin que nadie hiciera nada para evitar la muerte otros niños, su sufrimiento.

Europa habló y habló sin tomar medidas, dilatando las decisiones, porque en el fondo los políticos europeos temían a esta masa de seres humanos, temían las repercusiones que pudieran tener en sus países, y lo que era más grave para ellos: su continuidad en el cargo. ¡Puta miseria!

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No descubrimos nada al decir que después del verano viene el otoño y luego el invierno, como también sabemos lo duro que son los inviernos en el norte de Europa y los Balcanes, pero, aún sabiéndolo, hicimos oídos sordos, cerramos los ojos y esperamos que el tiempo solucionara lo que solo los hombres pueden solucionar, pero el tiempo no solucionó nada y la vergüenza más vergonzosa cayó sobre Europa con los cuatro jinetes del Apocalipsis, disfrazados de soldados, políticos, vallas, indiferencia y desidia.

Esta noche he oído el llanto de los niños que tenían hambre, frío y miedo, he escuchado los gritos de los padres pidiendo un poco de misericordia y humanidad, he oído como en el silencio, aquel hombre que sobrevivió a las bombas, a la guerra, se derrumba, aferrándose como puede a la poca dignidad que le queda, a la dignidad que le hemos quitado, para que su pequeño pueda sobrevivir, jugar, reír.

Somos unos cobardes, porque de otra manera habríamos llenado las calles, habríamos reclamado el cumplimiento de los derechos humanos, nos hubiéramos solidarizado contra nuestros hermanos, sin importarnos el origen o la religión y hubiéramos mandado a la mierda a los políticos de turno, pero se está mejor en casa, viendo la gran película de los refugiados.

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Y la guinda del pastel de nuestra cobardía es nuestro silencio ante el tratado Unión Europea Turquía, porque este tratado que traslada el problema no acaba con el y ni siquiera lo soluciona un poco, pone en manos de mercenarios miles de vidas humanas.

Los progresistas, los hombres y mujeres de izquierdas debemos sublevarnos ante tanta miseria, ante tanta falta de solidaridad y humanidad y salir a las calles reclamando la tutela y el asilo para todas estas personas que nos recuerdan mucho a los exiliados españoles de la guerra civil o a los judíos en la segunda guerra mundial.

No hemos aprendido nada. Seguimos siendo unos miserables en la tierra del bienestar, mientras negamos el pan y la sal, porque quejarnos en las redes sociales, denunciarlo en prensa, radio y televisión no revierte el problema.

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Es la hora de aparcar nuestra cobardía, es el momento de decir a nuestros políticos que no tomen decisiones que nos empequeñecen y avergüenzan, es hora de empezar a cuestionar este sistema.

Tengamos la audacia de transmitir a las generaciones futuras que el ser humano está por encima de la economía, que el ser humano no tiene precio, que las personas no son más, valen más o menos por el lugar de procedencia, porque sino estaremos abriendo las puertas al odio, a la marginación y la denigración mas implacable del ser humano, convirtiéndolo en una fiera, como dijo Hobbes:

El hombre es un lobo para el hombre – Man is a wolf to Man

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