LA CÁSCARA

DEDICATORÍA

A todos mis amigos, los virtuales y los otros, y a mis allegados más queridos.

PREÁMBULO

Este artículo será muy diferente a los anteriores, pues pretende ser personal, íntimo, sincero, sin pretender explicar o exponer nada ajeno a mí persona.

Cada palabra, cada párrafo es una gota de sangre depositada en el papel y dejada a la voluntad del viento que llevará mis reflexiones a lo largo y ancho de un mundo que es muy pequeño, más cercano, más igual en el espacio, pero muy diferente en el tiempo.

Encontrarse contigo mismo en un recodo del camino es una experiencia agradable y desagradable, porque quedas desnudo, indefenso.

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REFLEXIÓN

Mi vida ha entrado en una nueva dimensión. No porque haya tenido una revelación, sino porque algo ha cambiado sin que haya cambiado nada. Quizás sea la suma de años, simple aritmética.

¿Quiénes somos? Alguna vez todos nos hemos hecho esta pregunta sin saber muy bien como contestarla, y es que no es fácil. ¿Somos nuestra imagen reflejada en el espejo?, o somos como nos ven los demás. Diría que ni lo uno ni lo otro, porque solo vemos la cáscara, la coraza que nos hemos creado a medida para protegernos del mundo.

Hace pocos días, con nocturnidad y alevosía, destruyeron mi cáscara, esa corteza que durante años me cree para aparentar ser un tipo duro, para protegerme de los ataques externos, para poder caminar con cierta certidumbre, sin temor a ser derrotado en las continuas batallas a las que me veo obligado a participar, como todos, claro, yo no soy especial, aunque de alguna forma si lo soy.

Nunca pensé, aunque fui incapaz de expresarlo, que el amor, el cariño, la cercanía, etc., fueran capaz de derrotarme, de hacer fluir a mis ojos unas lágrimas que reprimí, porque la visión que estaba frente a mi, mi hija, no era real, no podía creer que estuviera a mi lado, me hablara, me mirara con cariño, con afecto.

Los sentimientos son traidores, como traidora es la vida, pero, al mismo tiempo, son lo mejor de nosotros mismos, por eso, ese regalo que no se puede pagar con dinero, jamás lo podré olvidar y lo llevaré en lo más profundo de mi ánima.

Me hicisteis una putada y lo sabéis, pero fue la putada más hermosa del mundo.

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No importa romper la cáscara para que aflore el fruto que llevamos dentro, porque en ese interior es donde está nuestra verdadera esencia.

Nadie piense que soy especial, pues tengo los mismos pecados que los demás, tropiezo en las mismas piedras y la arrogancia y el egocentrismo me pierden. Yo se quien soy, aunque tengo dudas de mis certezas, porque nada es lo que parece y la felicidad es como un relámpago en una noche nítida, todo energía y belleza.

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