ANTIGUA, VIEJA Y NUEVA POLÍTICA

El domingo, paseando por el mercadillo de segunda mano de mi pueblo, pensé y reflexione por un momento sobre las cosas que allí se vendían y las puse en valor, trasladando esos pensamientos a la política.

Así, paseando entre los diferentes puestos y paradas, he visto cosas viejas que funcionan a la perfección, fabricadas solidamente para durar muchos años y otras que se caen de viejas, pero que se las puede dar algún uso si se reciclan y reparan levemente y por último aquellas que son directamente para tirar, pues su tiempo ya ha pasado y han cumplido su misión.

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El valor de lo antiguo no es por lo que se puede hacer con ello, sino por lo que representa, mientras que lo nuevo tiene un valor inmediato y no esperamos que durara un tiempo demasiado largo.

No pondré nombres ni de políticos ni de partidos, ya que no pretendo hacer crítica de ellos. Solamente hablaré de las etiquetas que ellos se han puesto y han puesto a los demás, pues en la actual coyuntura la política se ha convertido en un trapicheo para pillar un poco de poder, pero no para ofrecer a los ciudadanos el valor añadido que esperamos de ellos, aunque es posible que me equivoque, pues nadie estamos en posesión de la verdad absoluta.

Vivo en un pueblo pequeño, quizás demasiado pequeño, pero que tiene la ventaja de que no estamos contaminados por la cercanía de los acontecimientos y eventos, aunque si  que nos informamos, como todos, con los medios tradicionales, prensa escrita, Internet, televisión, pero hemos aprendido a discriminar, pensar, tener una opinión propia, ya que los partidos políticos no nos bombardean cada día, ni tienen sedes.

Vayamos a lo que nos interesa, a discriminar entre lo que es nueva y vieja política, si es que tiene sentido, que creo que no.

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Hay cosas de la vieja política, si es que llamamos vieja política a los partidos que tienen más de cinco, tres, dos o un año, porque en su seno se ha ejercido desde siempre la crítica y la autocrítica, no se han defendido personas ni privilegios, se ha defendido una idea y una forma de hacer cercana al pueblo, junto a la gente, luchando codo con codo con ellos.

No se es nuevo por poner caras bonitas o gente joven, pues es la vida la que marca estos tiempos y la propia naturaleza demanda que las nuevas generaciones sucedan a las anteriores y se adapten las cosas a los tiempos que corren, pero si las ideas son las de siempre solo habremos cambiado el cascaron, que no es mucho.

Los que hablan de la nueva política cuantifican los grados de podredumbre, cuando en realidad lo que hay que medir es la pureza, la integridad en todos los aspectos, sin dar opción a que se critiquen ciertos actos o conductas y, mucho menos, cometer los errores que criticamos, aunque cuantitativamente no sean muy importantes, es más, aunque no sean importantes, porque a la política se viene a servir y quien no lo entienda, pues mejor que se dedique a otra cosa.

Sabemos que el habito no hace al monje, pero nos han querido vender que el cambio estético cura y oculta todos los horrores que se hacen y se han hecho en política, sin darse cuenta que ya han pasado los tiempos en los que se compraba por la estética, siempre engañosa, pues lo realmente importante es lo que oculta esa estética y ya sabéis a lo que me refiero.

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Una buena sintonía entre lo viejo y no nuevo es lo que nos puede dotar de las herramientas necesarias para avanzar hacia un mundo más justo y mejor.

No estaría de más que los que abogan por la nueva política ejercieran de verdad lo que dicen, empezando por decirnos lo que piensan, cuales son sus objetivos e ideología y apartando de sus filas a todos aquellos que hayan cometidos algún error, porque no es de recibo que proyectos ilusionantes y enriquecedores queden desvirtuados porque alguien se confundió en su día o no supo ejercer con la diligencia debida aquello que había prometido.

Ni juzgamos ni prejuzgamos, pero creo que es bueno dar ejemplo y este se da dando pasos a un lado, apartando los personalismos de los objetivos, aunque esta persona no haya hecho nada punible, pero su actitud ante la sociedad pondría contra las cuerdas a sus adversarios políticos, desarmándolos políticamente y dando ejemplo a los ciudadanos de coherencia, ética y servicio a la sociedad.

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Las palabras carecen de interés. Es igual que sea nuevo o viejo si lo uno hace lo que lo otro y no es capaz de borrar los defectos minúsculos, esos que son apenas imperceptibles, pero que cuentan como una pesada losa.

Queremos integridad en los políticos y la política, pero también ideología, certezas, las cosas claras. Asaltar el poder no es la solución. Asaltar el poder para dar respuestas y voz al pueblo es el objetivo que debe tener cualquier político y esto no es ni vieja ni nueva política, sencillamente es antigua y muy auténtica.

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