EL PARAÍSO ESTÁ DONDE QUERAMOS ENCONTRARLO

Sucede infinidad de veces que estamos ciegos respecto de lo que hay o sucede a nuestro alrededor y sin embargo vamos a buscar a los confines del mundo lo que tenemos en la puerta de casa.

Nuestra ceguera se debe a lo inmediato o a que la cotidianidad no nos permite pararnos ni un segundo en aquellos lugares por donde pasamos todos los días, pero si alguna vez salimos de nuestra cáscara, ese caparazón que nos protege contra todo y contra todos y miramos con los ojos curiosos, aquellos ojos y aquella mirada que teníamos cuando aún niños todo nos impresionaba, veremos un mundo, que estaba a nuestro lado pero permanecía oculto.

Cuantas veces nos hemos admirado de los monumentos, los paisajes, los animales de países lejanos y exóticos, pensando que sería un sueño poder viajar hasta allí, pero la realidad es que esos paraísos están a la vuelta de la esquina.
Después de mucho tiempo o no tanto he empezado a descubrir lo que tengo a mi alrededor, no es nada sensacional, pero es más de lo que pensaba e imaginaba y solo me ha hecho falta cambiar la mirada, mirar con otros ojos, mirar viendo lo que hay a nuestro alrededor.

Un día descubrimos un cuadro, los girasoles de Vincent van Gogh, y quedamos profundamente impresionados de esa belleza, pensando en qué pensaría el artista, con qué ojos habría mirado aquel campo. Y lo mismo nos pasa al ver una catedral o una escultura, sin darnos apenas cuenta que este campo, aquella iglesia, ese herraje son obras de arte, manufacturadas, paridas desde el sentimiento por hombres anónimos, pero no por ello son menos valiosas o menos bellas y tienen la ventaja de estar detrás del cristal, a unos pasos de nuestra casa.

También nosotros podemos mirar con los ojos del artista; y si no quieres o no lo deseas lo puedes hacer con los ojos de niño, con esa frescura despojada de prejuicios y ver, mirar y sentir.

No quiero ser nada, pero me agradaría compartir esta parte de belleza, de paz, que he encontrado a pocos pasos de mi puerta y que no me permitía ver, porque miraba con ojos desprovistos de curiosidad, porque la vida me conducía por caminos inciertos, que no me dejaban tiempo para contemplar esta gran obra de arte, que es la tierra.

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